En el colegio el sexo no era gran tema de interés. Por el contrario quien hablará mucho de sexo podía ser considerada como la chica agrandada o la rara arrecha.
No era muy común que las chicas, sobre todo viniendo de un colegio católico de la Molina, contaran acerca de sus primeros contactos, solo si eras muy intima de alguna de ellas podías enterarte de quien fue el primero en tocarles la teta o algo por el estilo, pero insisto, no era muy frecuente.
Nuestras conversaciones se centraban en los chicos pero no tanto en el sexo.
Recuerdo mi fiesta de PRE Promoción, estaba tan nerviosa. Había invitado a un chico mayor que yo, él tenía 20 y yo tenia 16. Estaba hecho un cuero con el terno negro, era bajito, con unos ojos impactantes. Fue a recogerme, siempre tan atento (desde ese entonces ya tenia grandes expectativas acerca de cómo quería que un hombre me tratara. Ojo solo fueron expectativas porque años después me di cuenta que la vida muchas veces te trae justamente lo opuesto).
Yo llevaba un vestido corto rojo, con unas sandalias negras que tenían unas correitas en las pantorrillas. De casa nos fuimos a la fiesta que era en el mismo colegio. Allá estaban todas las de la promoción. Todas arregladas, con maquillaje, vestidos nuevos que la gran mayoría no iba a volver a usar, sujetadas de sus príncipes azules- y que a diferencia de los cuentos de hadas en donde a las 12 era la princesa quien sufría la transformación, esta vez fueron los chicos quienes pasaron de príncipes a sapos verdes de tanto vomitar, efecto de los tragos gratis.
En fin, luego de las fotos empezaba el baile. Y a lo que iba, nunca voy a olvidar esa primera experiencia, estábamos bailando lo que sería una de las últimas canciones lentas que pusieran en las fiestas a finales de los `90, cuando "lo sentí". Era mi primer contacto con el "más allá" de los hombres.
Tenía tantas preguntas, ¿qué había pasado?, ¿por qué hizo eso? ¿Quién hizo eso?. Al terminar la fiesta, como era de costumbre, nos quedábamos a dormir todas las "del grupo" en la casa de una de nosotras y al estar ahí todas en pijamas, cada una iba contando sus experiencias y anécdotas de la noche. Como un logro hablé acerca de la mía. Estaba tan emocionada y un poquito asustada. No dejaba de pensar que quizás el movimiento inesperado de parte de el era con la intención de ver alguna respuesta por mi parte, pero no! Yo era una chica buena y esas cosas no se debían de pensar ni hacer... además que no sabia ni como iniciarlas.
Después de ese accidente seguí frecuentando a este chico, pero nunca me decidí a estar con él.
En algún momento de aquellos días mi juicio se desvió y desde entonces he escogido a los más problemáticos, apáticos, maniáticos y más áticos... dejando de lado a aquellos prospectos de chicos buenos, tranquilos y fieles. Creo que me empecé a hacer mujer y que mujer para terca y sorda a los consejos de mamá.
Empezaba nuestro despertar sexual. En casa nadie solía hablar de sexo, mientras que en el colegio si te mencionaban la palabra SEXO iba siempre acompañada de palabras como: "después del matrimonio", "pecado- embarazo- aborto" ; o sea que fuera de esas asociaciones no podíamos preguntar más.
Nunca nos dijeron lo maravilloso que sería tener sexo con la persona que amemos, sin importar si estuviésemos casadas o simplemente estando enamoradas; ni que bien nos iba a hacer descubrir y explorar nuestros cuerpos y sexos para sentirnos orgullosas de ser mujeres. Por el contrario a muchas de nosotras el colegio nos dejó un pudor muy difícil de borrar, por muchos anos nos hemos avergonzado de nuestro sexo y nuestra sexualidad.
El camino del desarrollo sexual estuvo acompañado para muchísimas de nosotras por remordimientos, culpas y dudas; trampas que nos hicieron el camino mas difícil y largo para madurar a nivel psicológico y crecer espiritualmente.
Nuestra visión era muy limitada, como no nos dábamos la libertad de cuestionarnos ni buscar información no teníamos referencias ni respuestas para entender ni mucho menos aceptar actitudes más allá de lo poco que sabíamos y aceptábamos.
A finales de primaria se formo el primer shock en cuanto a sexualidad se refiere. Una compañera del salón, que a pesar de haberse presionado a si misma por encajar en un modelo de chica que todas cumplíamos, nunca logro asimilarlo ya que su personalidad inquisitiva, abierta y muy expresiva la delataban.
Fue ella quien soltó uno de los primeros disparates que oí y al cual no me quedo otra que fingir espanto porque no sabia como reaccionar, nos contó que recordaba de chica haberse masturbado.
La palabra hasta entonces "solo de hombres" había sido pronunciada y asumida por una de las nuestras; todas quedamos atónitas y asqueadas ya que la masturbación de alguna forma representaba un acto sucio, impropio y sólo digno de los hombres- según nuestros pobres conocimientos (en clases nunca oímos que las chicas también lo podían hacer o mucho menos que lo quisieran hacer).
Lo que muchas de nosotras ignorábamos era que de pequeñas, habíamos hecho lo mismo, ya que es normal entre los niños menores a los 7 años que por curiosidad empiezan a tocarse con el afán de explorar sus cuerpos, es normal pero nadie nos lo dijo.
Quizás muchas personas fueron sorprendidas y recibieron una llamada de atención sin hablar mas sobre el tema y con el pasar de los años esa omisión, ese conversar incomodo para los padres, nos hizo creer que era malo y nos hizo avergonzarnos de las exigencias del cuerpo y la mente.
Nuestra compañera tuvo el valor de contarlo, pero fue la única chica que conozco del colegio que haya hecho semejante afirmación. Era casi inevitable pensar que lo seguía haciendo; mis ojos se fijaron en sus manos y mi mente trataba de entender imágenes que desconocía acerca de la masturbación.
Ya en secundaria estábamos a las puertas de toda una vida por recorrer. Como disfrutábamos compartir las curiosidades "aceptables" propias de la edad. Para muchas cosas éramos chicas respetuosas con muchas discriminaciones por hacer pero también empezábamos a mostrarnos abiertas e inocentes, chicas de 15 años con las hormonas recién despertando.
En una de esas reuniones en casa de las chicas, en donde la conversación comenzaba con críticas a programas de música en la televisión y se desviaba a temas de intimidad, recuerdo que una de las chicas empezó a contarnos acerca de los cambios que había estado experimentando en todo el cuerpo desde una talla en el sostén hasta el crecimiento de vello púbico y sin mayor meditación saco un espejo y se bajo los calzones; quería que viéramos esos cambios físicos en su pubis; muestra suficiente de la inocencia de la que éramos protagonistas. Pensar que una mujer de veintitantos haga eso con sus amigas, es inaceptable, totalmente fuera de lugar. Ni a las mejores amigas. Quizás ahora a los veintitantos las tetas son mas populares, pero en definitivo el pubis no. Y de repente no tiene nada de malo, quizás aun sigo siendo media cucufata y guardo un poco de pudor.
Como fuese, para ese entonces no había nada de morbo en esas acciones, todo era inocencia. Eso lo hace mejor y más fácil para mi de contar.
Con el tiempo las pijamazas y reuniones iban volviéndose más complejas; en un inicio nos bastaban las pijamadas en donde no podía faltar una buena película cómica o de terror, con muchos chocolates, Chizitos y gaseosa.
Con mi prima, tengo los mejores recuerdos de esta época. Nos juntábamos en mi casa y esperábamos a las 6 ó 7 de la noche para prender el VHS y ver las películas de terror que estaban de moda como Elmer Street, Chucky, Cementerio de mascotas, etc.
Cualquier película que tuviera bastantes escenas con sangre, muertos por doquier, música tenebrosa y personajes terriblemente feos era todo lo que ansiábamos. Pero luego los gustos y preferencias fueron cambiando, dejamos las películas de suspenso por programas para adultos después de las 12 de la media noche o películas XXX que encontrábamos escondidos en los closets de algunos papas y hermanos mayores. Todas reunidas viendo imágenes prohibidas que nos dejaban boquiabiertas; no terminábamos de entender que podían sentir esas personas, totalmente desnudas, rozándose y besándose al mismo tiempo, haciendo piruetas ingeniosas y muchos ruidos que parecían una mezcla de dolor y gusto.
Por mucho tiempo las imágenes y sonidos se quedaron en nuestras mentes, era la visión de un futuro que íbamos a vivir, quizás para algunas antes que otras, pero era algo que empezábamos a saborear.
Nos reíamos y criticábamos lo que veíamos: parecíamos asqueadas pero nunca dijimos: "basta" o "apaga el televisor".
Recuerdo un cumpleaños mío, creo que recién cumplía 14 años. Nos habíamos reunido en el departamento de mi papá. Para suerte nuestra, mi papá salió de cacería con su hermano y nos quedamos solas; 6 chicas abastecidas de pizzas americanas, gaseosas y muchas ganas de hacer travesuras. Teníamos todo el departamento para nosotras; nada de esconderse, éramos libres de ver pornos y de reír y gritar sin represiones.
Luego de haber saciado nuestra curiosidad con películas pornográficas empezamos a encontrar atractivo el alcohol: botellas de vodka y ron eran las más solicitadas.
Aprovechábamos todas las oportunidades que tuviésemos para experimentar mas, ya sea si los papas viajaban, si estábamos en fiestas o en algún campamento o en las tan famosas pijamadas. Siempre había un lugar en el cual empezamos a escondernos detrás de las botellas para sentirnos mayores.
Teníamos que experimentarlo todo, o al menos eso creíamos.
Y así las puertas que antes nos retuvieron por mucho tiempo, se fueron abriendo y fuimos dando rienda suelta a nuestros caprichos y curiosidades. Cada una a su manera vivió su despertar sexual. Algunas fueron pioneras antes de terminar el colegio, otras se tomaron un poco mas de tiempo y por ultimo fuimos otras las que preferimos cuestionarnos y analizar todo, a tal punto de preguntarnos constantemente que es lo correcto y cual es la mejor decisión; claro que las respuestas han tenido un efecto retardado y muchas veces han sido indescifrables, por lo que ahora puedo decir que:
La vida es una historia que uno mismo escribe. No hay un esquema modelo porque cada trama es diferente; hay pautas que nos pueden guiar a ordenarnos o que tal vez nos puedan confundir, porque al fin y al cabo son pautas creadas por personas; personas con tantas preguntas e inquietudes como uno mismo.
Entonces la cultura sexual, no se da en los colegio, pocas veces la vemos en la familia... pero lo cierto es que está en todos lados. De repente mucho no quieran admitirla o hablar directamente de ello, pero está presente en todo momento y sobre todo la llevamos con nosotros... aceptemos que iremos aprendiendo en el camino. No hay lección correcta.